Qué resuelve de verdad
- Cobertura. Un perímetro de kilómetros se recorre en minutos, no en horas.
- Verificación de alarmas. Antes de exponer a una persona, se confirma qué la activó.
- Zonas ciegas. Techumbres, patios traseros, taludes, sectores sin cámara.
- Disuasión. Un dron con luces y sonido sobre un patio de acopio cambia el comportamiento de quien está mirando.
- Evidencia. Material fechado y trazable para el informe posterior.
El límite legal, sin rodeos
Un dron de vigilancia puede volar sobre la instalación que protege. Lo que no puede es captar imágenes o hechos privados en recintos particulares o lugares que no sean de libre acceso al público, sin autorización. Esa conducta está sancionada por el artículo 161-A del Código Penal con reclusión menor y multa de 50 a 500 UTM, y sube si además se difunde.
En la práctica esto se administra con tres decisiones tomadas antes del primer vuelo:
- Definir el área de cobertura y dejarla por escrito con el mandante.
- Configurar el encuadre y las rutas para no apuntar a propiedades vecinas.
- Definir qué se graba, cuánto se guarda y quién accede. Acá también corre la normativa de datos personales.
Qué exige el rubro al piloto
- Credencial vigente y RPA registrado. En seguridad, un operador sin habilitación es un pasivo para el mandante.
- Operación con equipo enterprise: zoom, térmica y autonomía real de ronda.
- Protocolo de respuesta: qué se hace ante una detección, a quién se avisa y en qué orden.
- Turnos y condiciones adversas, incluida la operación de noche, que es cuando más se necesita. Ver la guía de vuelo nocturno.
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