Los tres usos que se pagan
- Levantamiento inicial. El terreno tal como está antes de mover una piedra. Es la línea base contra la que se mide todo lo demás.
- Control de avance. Vuelos periódicos que muestran qué se hizo entre una fecha y otra, con evidencia visual y medible. Reemplaza discusiones por datos.
- Cubicación. Volumen de corte, relleno y acopio. Es el entregable que entra directo en la cadena de pago.
La conversación difícil: precisión
Tres conceptos que hay que dominar antes de cotizar, porque confundirlos es la causa número uno de trabajos rechazados:
- GSD: cuántos centímetros representa un píxel. Es resolución, no precisión.
- Precisión relativa: qué tan bien se miden distancias dentro del propio modelo.
- Precisión absoluta: qué tan bien coincide el modelo con las coordenadas reales. Es la que pide ingeniería, y exige puntos de control medidos con GNSS o corrección diferencial.
Prometer “precisión centimétrica” porque el GSD dio 2 cm. No es lo mismo. Sin control en terreno, el modelo puede estar desplazado metros aunque cada píxel mida dos centímetros. Está explicado en la guía de fotogrametría.
Cómo se forma al equipo de obra
Lo que mejor funciona en construcción no es contratar un piloto externo permanente: es habilitar a alguien que ya está en la obra —un topógrafo, un jefe de terreno, un prevencionista— y darle la formación completa.
Sale más barato, el vuelo se hace cuando se necesita y no cuando el proveedor puede, y el criterio técnico ya está adentro. Eso es exactamente lo que hacemos en los programas cerrados: vamos a la obra, formamos al equipo y lo dejamos habilitado ante la DGAC.