Se cobra por entregable, no por vuelo
Dos trabajos con el mismo tiempo de vuelo pueden valer diez veces distinto. Lo que cambia es lo que el cliente se lleva y de qué respondes tú:
| Entregable | Qué compra el cliente | Qué asumes tú |
|---|---|---|
| Fotos y video | Material visual editado | Calidad estética y plazos |
| Inspección visual | Informe con hallazgos | Criterio técnico sobre lo detectado |
| Ortomosaico | Imagen medible georreferenciada | Precisión declarada |
| Cubicación | Un volumen que se paga como partida | Que ese número resista una auditoría |
Cuando el entregable entra en la cadena de pago del cliente —una cubicación, un estado de avance—, el precio sube porque también sube tu responsabilidad. Está desarrollado en la guía de fotogrametría.
Los costos que se olvidan
- Desplazamiento y viáticos. Ir a una faena no es ir al parque.
- Depreciación del equipo. Un dron industrial no dura para siempre; cada trabajo tiene que aportar a reponerlo.
- Baterías. Son consumible, no activo.
- Seguro de responsabilidad civil. Prorratéalo.
- Credencial y registro. Se renuevan cada 36 meses.
- Procesamiento. Horas de máquina y de persona. Es donde se va el tiempo real.
- Reproceso. Presupuesta que un porcentaje de trabajos hay que rehacerlo.
Cuatro errores que hunden el precio del rubro
- Cobrar por hora de vuelo. Premia al que vuela lento y castiga al que es bueno.
- Bajar el precio para entrar. El primer precio es el ancla de todos los siguientes con ese cliente.
- No cotizar el reproceso. El día nublado y el vuelo repetido salen de tu bolsillo.
- Competir con quien no está habilitado. No es tu competencia: es un riesgo que el cliente todavía no dimensionó. Explícaselo — es tu mejor argumento de venta.
Tenemos una guía práctica más larga sobre esto en cómo cobrar con tu dron, con ejemplos de estructura de cotización.