← Volver al blog Septiembre 2026

Mes de la Patria: el cielo se llena de volantines (y eso nos importa)

Tres pilotos de AÉREO manteniendo contacto visual con el dron durante la práctica

Hay algo lindo en que septiembre nos devuelva el cielo. Durante unas semanas, cualquier sitio eriazo, cualquier cerro y cualquier techo de Santiago se llena de volantines, y mirar hacia arriba vuelve a ser un panorama.

También es, de lejos, el mes más complicado del año para volar un dron. No por una norma nueva: por física y por sentido común.

El problema no es el volantín. Es el hilo.

Un volantín es papel y coligüe: si lo tocas con un dron, probablemente se rompa y no pase mucho más. Lo que sí es un problema es lo que no se ve: decenas de metros de hilo colgando, cruzando el aire en diagonal, a veces sueltos después de una comisión.

Un hilo no aparece en la cámara. No lo detectan los sensores de obstáculos —que están pensados para muros y postes, no para una línea de menos de un milímetro—. Y cuando se enreda en una hélice, la secuencia es siempre la misma y es muy rápida: el motor se frena, el controlador compensa dando más potencia, el hilo se tensa, y el dron se va al suelo. Entre que te das cuenta y que cae no alcanzas a hacer nada.

Un dron de dos kilos cayendo desde 60 metros no es un accidente material. Es un riesgo para quien esté abajo.

El hilo curado: por qué está prohibido

El hilo curado es hilo recubierto con una mezcla abrasiva —típicamente vidrio molido pegado con alguna cola— para cortar el hilo del volantín rival en las comisiones. Es decir: es un hilo diseñado para cortar.

Y corta lo que se le ponga por delante. Cada año se repiten en Chile los casos de motociclistas y ciclistas heridos en el cuello y las manos por hilo curado tendido a la altura de la calle, y por eso su fabricación, venta y uso están prohibidos. No es una recomendación: es una prohibición con sanciones, y detrás hay gente que ha muerto.

Para nosotros, además, es el peor escenario posible en el aire. Un hilo común se enreda; uno curado se enreda y además raja cables, fundas y tus propias manos si intentas soltarlo a tirones. Si alguna vez tienes que liberar un dron enredado, córtalo con tijeras y guantes, nunca tirando.

Cómo volamos nosotros en septiembre

No dejamos de operar en Fiestas Patrias: se opera distinto. Lo que hacemos, y lo que enseñamos:

Y el recordatorio que aplica todo el año, pero en septiembre más: nunca se vuela sobre aglomeraciones de personas. Las fondas, las ramadas y las plazas llenas son exactamente el lugar donde no corresponde tener un dron encima, por muy buena que sea la toma.

Si eres el del volantín

Esto también va para el otro lado, porque en AÉREO volamos, pero también empinamos:

Volar seguro también es saber cuándo no volar

En el curso lo repetimos harto y no es una frase bonita: la decisión más profesional que toma un piloto casi siempre es la de no despegar. Meteorología, entorno, gente alrededor —y en septiembre, el cielo compartido— son parte del análisis previo, no una excusa.

Que tengan un gran 18. Nos vemos en el cielo, cada uno en su altura.

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