Julio 2026 · Noticias · Aplicaciones profesionales
Ballenas, ciencia y drones: cómo se estudia la fauna marina desde el aire en la Patagonia chilena
Cuando hablamos de drones profesionales solemos pensar en minería, agricultura o inspección de infraestructura. Pero hay un uso que casi no aparece en las conversaciones de negocio y que está transformando la forma en que entendemos el océano: la investigación científica y la conservación de fauna marina. Esta es la historia de un equipo que lo está haciendo en uno de los lugares más remotos de Chile — y de cómo un dron pasó de ser "una herramienta más" a convertirse en el instrumento central de su trabajo.
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Abril de 2015: el hallazgo que lo cambió todo
El Golfo de Penas, en la Patagonia chilena, es uno de esos lugares donde no llega nadie. Sin caminos, sin señal, sin puertos cercanos. Para estar ahí hay que navegar días.
En abril de 2015, la tripulación del velero Saoirse realizaba un estudio bentónico de un mes junto a la Dra. Vreni Häussermann, directora científica de la Fundación Huinay. En el transcurso de ese trabajo encontraron algo que nadie esperaba: 32 ballenas muertas. El recuento final superó las 300.
Ese día cambió el rumbo de la tripulación. Habían llegado a la Patagonia a navegar, escalar y explorar. Desde entonces navegan por la ciencia.
De la aventura a la investigación: nace Patagonia Projects
En 2016, con una subvención de la Blue Marine Foundation, el equipo formalizó su trabajo bajo el nombre de Patagonia Projects y puso su propio velero al servicio de la investigación científica.
Volvieron al Golfo de Penas acompañados por un equipo de científicos chilenos —las doctoras Vreni Häussermann, María José Pérez y Carolina Gutstein, y el Dr. Carlos Olavarría— con hidrófonos, equipos de muestreo, cámaras y las autorizaciones correspondientes del SHOA, la Subsecretaría de Pesca y la Armada.
Desde entonces regresan casi todos los años, acompañados por equipos de estudiantes y voluntarios. No solo para documentar nuevos episodios de mortalidad, sino para estudiar plancton, oceanografía y acústica marina, y para registrar la presencia de cetáceos y fauna silvestre en una región sobre la que existían muy pocos antecedentes.
Vale la pena subrayar algo que suele pasarse por alto: este trabajo se sostiene con voluntariado, donaciones y fondos concursables. Nadie cobra por estar ahí. Y en algún punto de ese camino, el dron entró al inventario.
Por qué el dron cambió la forma de estudiar ballenas
Estudiar un cetáceo desde una embarcación tiene límites evidentes. Hay que acercarse, el animal reacciona, la observación se contamina y en algunos casos se genera estrés innecesario.
Desde el aire, el escenario es otro. Un dron permite observar al animal completo, desde arriba, sin invadir su espacio y sin contacto físico. Es lo que en investigación se conoce como metodología de bajo impacto: el sujeto de estudio prácticamente no percibe que fue estudiado. Pero la ventaja más potente no es la observación. Es la medición.
Fotogrametría de cetáceos: medir una ballena sin tocarla
La fotogrametría es la técnica que permite obtener medidas reales a partir de fotografías. Es la misma base que usamos en levantamientos topográficos con drones, aplicada aquí a un objetivo bastante más grande y bastante más móvil.
Con una imagen cenital de calidad se puede calcular el largo y el ancho de una ballena. Y con esos datos, los investigadores estiman su condición corporal: si el animal está sano, si está bajo de peso, si es un juvenil o si se trata de una hembra preñada. Dicho de otro modo: un chequeo médico sin tocar al paciente, y sin que el paciente se entere.
El problema de la altura y el LiDAR hecho a mano
Aquí aparece el detalle técnico que separa una foto bonita de un dato científico: para convertir píxeles en metros hay que saber con exactitud a qué altura estaba volando el dron. El GPS por sí solo no entrega esa precisión.
En 2021 el equipo colaboró como voluntario con la bióloga marina Dra. Caroline Weir, de Falkland Islands Conservation, que lleva más de una década estudiando ballenas sei y ballenas francas australes en las Islas Malvinas. Junto a su experto en drones, Will Darwin, y con la asesoría de Andy Rogan y el equipo de Ocean Alliance, construyeron un pequeño sistema LiDAR y lo montaron sobre un Mavic 2 Pro.
El resultado: una herramienta capaz de entregar fotografías de identificación y mediciones confiables de ballenas francas australes. De ahí nació un programa de fotogrametría que hoy sigue en funcionamiento en las islas.
Snotbot: recolectar el soplo de una ballena con un dron
El segundo dron de esa expedición llevaba algo aún más inesperado: placas de Petri montadas sobre el fuselaje.
La idea proviene de «Snotbot», una técnica de bajo impacto desarrollada por Ocean Alliance. El procedimiento consiste en seguir a la ballena con el dron y, en el momento en que sale a la superficie y exhala, volar a través de la nube de vapor para capturar una muestra del soplo. Ese material —literalmente, el moco del animal— permite analizar ADN, hormonas y bacterias. Es información que tradicionalmente se obtenía mediante biopsias con dardo, un método invasivo que estresa al animal.
En esa oportunidad la recolección de soplo no resultó. Pero las mediciones sí, y el programa quedó instalado. En investigación, un intento fallido que deja método y aprendizaje también es avance.
Lo que viene: el Whaser y el desafío de volar legal en Chile
Hoy el equipo se prepara para aplicar la herramienta en aguas chilenas. Recibieron en donación un «Whaser»: una unidad LiDAR compacta y acoplable, desarrollada en el Reino Unido por Tandem Ventures específicamente para investigación y conservación de cetáceos, diseñada para integrarse a drones Mavic 2 y Mavic 3.
El equipo está. La experiencia está. Falta el permiso. Porque operar drones en Chile con fines profesionales no es tan simple como despegar. La normativa de la DGAC exige credencial de piloto vigente, registro de la aeronave y, según el tipo de operación, autorizaciones específicas. En zonas remotas, con fauna protegida y trabajo científico de por medio, la carpeta es todavía más exigente. Es exactamente el punto donde entramos nosotros.
Nuestro aporte a este proyecto
Keri-Lee Pashuk, integrante del equipo desde aquel hallazgo de 2015, realizó recientemente su recertificación como piloto de drones con nosotros. A bordo, Greg es quien está a cargo de lanzar y operar el dron.
Hoy los acompañamos en los trámites para operar legalmente en Chile. Y lo hacemos en las mismas condiciones en que funciona todo el proyecto: de manera voluntaria, sin cobrar por ello. Para un equipo que dedica la mayor parte del tiempo a inspección industrial y formación de pilotos, aportar en un proyecto de conservación de esta escala es una de las cosas más gratificantes que nos ha tocado hacer.
El dron nunca es el protagonista
Es la conclusión que repetimos en cada curso y que esta historia ilustra mejor que cualquier ejemplo de manual. El mismo equipo que graba un video publicitario puede levantar un modelo 3D de una faena minera, detectar una falla térmica en un panel solar o medir una ballena en peligro de extinción sin tocarla. La diferencia nunca está en la máquina: está en quién la opera, con qué método y con qué criterio.
Sigue su trabajo
El trabajo de Patagonia Projects y de la Dra. Vreni Häussermann merece mucha más difusión de la que tiene. Puedes seguirlos en Instagram como @patagoniaprojects y @vreni.haussermann.
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AÉREO es una escuela profesional de pilotos RPAS y operador certificado por la DGAC (AOC 2144). Formamos pilotos en Las Condes, Santiago, y capacitamos empresas en todo Chile. Fotografías: Patagonia Projects, publicadas con su autorización. Los datos y nombres citados corresponden a la información pública del proyecto.
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