Tres generaciones después: lo que nos dejaron las primeras 72 horas en clase
Por el equipo de Aereo — Las Condes, Santiago.
Hace poco más de medio año, en Aereo abríamos por primera vez la puerta de una sala con sillas, una pizarra y una pila de drones recién sacados de sus cajas. Adentro estaba la primera generación de alumnos de nuestro curso intensivo de 24 horas. Afuera, una mezcla de nervios, expectativa y café del bueno.
Hoy, con la tercera generación ya egresada y certificada, queremos parar un momento y mirar atrás. No para felicitarnos (para eso ya hubo torta), sino para contar lo que aprendimos en estas primeras 72 horas multiplicadas por tres.
Empezar siempre cuesta
Cuando definimos el formato del curso, tuvimos largas discusiones sobre el tiempo. ¿Tres días era poco? ¿Veinticuatro horas alcanzaban para preparar a alguien serio para volar bajo regulación DGAC? La verdad es que no lo sabíamos del todo. Lo que sí teníamos claro era una cosa: queríamos que fuera 100% presencial, en una sala con el instructor mirándote a los ojos, con drones de verdad en las manos y con compañeros con los que pudieras equivocarte sin pena.
La primera generación llegó al Stade Français en Las Condes con esa misma fe ciega. Eran personas de mundos muy distintos: un ingeniero agrónomo que quería revisar plantaciones, un fotógrafo de inmobiliarias, un papá que tenía un Mavic juntando polvo desde la pandemia, un par de profesionales del audiovisual, y alguien que simplemente quería aprender algo nuevo porque sí. No había un perfil. Había ganas.
Esa heterogeneidad terminó siendo nuestra mejor lección. El curso no podía ser un manual cerrado. Tenía que ser una caja de herramientas, y cada alumno iba a tomar las que necesitara para su realidad.
La segunda generación: el grupo que nos hizo subir la vara
Para la segunda vuelta ya habíamos ajustado un montón de cosas. Reordenamos los bloques teóricos, dimos más tiempo de vuelo y le metimos más horas a la parte de normativa, porque, seamos honestos, ese es el músculo que después hay que mostrar cuando rindes la credencial frente a la DGAC.
Pero lo que más nos sorprendió fue el nivel de preguntas. Llegaron alumnos que se habían leído el DAN 151 antes del primer día. Personas que ya operaban drones de manera informal y venían a formalizarse. Otros que querían entender, de una vez por todas, qué se puede hacer en zonas pobladas y qué definitivamente no.
Esa generación nos obligó a estudiar más, a preparar mejor los ejemplos, a tener respuesta para todo. Agradecemos cada pregunta incómoda. Hicieron mejor al equipo entero.
La tercera generación: cuando dejamos de ser "los nuevos"
La tercera fue distinta. Llegaron sabiendo de nosotros. Habían visto fotos del curso, habían conversado con alguien que ya pasó por la sala, habían leído reseñas. Eso cambia la conversación del primer día. Ya no estás convenciendo a nadie de que vale la pena; partes en otro pie.
Lo bonito fue ver cómo, en tres días, ese grupo formó algo que no esperábamos del todo: comunidad. Crearon su propio grupo de WhatsApp en la mañana del primer día. Se quedaron conversando después de las clases. Intercambiaron contactos para futuros trabajos. Y cuando entregamos los certificados al cierre, hubo más de un abrazo largo y más de una foto que probablemente sigue siendo foto de perfil en alguna red.
Lo que tienen en común las tres generaciones
Si tuviéramos que resumir lo aprendido en una sola frase, sería esta: la gente que se inscribe en un curso intensivo no anda buscando un papel. Anda buscando una experiencia. Una experiencia donde dejar de tenerle miedo al cielo, donde entender de verdad por qué la regulación importa, donde practicar con un instructor al lado por si algo se complica. Y, sobre todo, donde salir el último día con la sensación de que sí, aprendieron algo real.
A nuestros primeros egresados certificados: gracias. Gracias por confiar cuando todavía éramos un proyecto nuevo. Cada uno de ustedes hizo posible que la siguiente generación llegue a una sala mejor. Más afinada. Más completa. Más Aereo.
Y los que vienen
La cuarta generación ya tiene fecha. Los cupos, como siempre, son limitados, y no por marketing: para enseñar bien hay que poder mirar a cada alumno a la cara y acompañarlo en sus primeros vuelos. Eso, con grupos masivos, no se puede.
Si estás pensando en dar el paso, una sola cosa: no esperes a sentirte "listo". Nadie llega listo. La primera generación tampoco lo estaba, y mira dónde están ahora.
Te esperamos en el aula. Trae cuaderno, ganas y, si quieres, tu dron. El cielo no se va a mover.
Equipo Aereo
Stade Français — Av. Mariano Sánchez Fontecilla 498, Las Condes
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